El puerto de los aspirantes
Artículo publicado en 2015 y revisado en 2023
Antes no era difícil. Al menos no tanto. Con ocho años te decían que crearas una historia y te ponías a improvisar. Con suerte releías, corregías algún despiste y se lo entregabas al profesor. Estaba a lápiz, pero no habrías tenido mucho problema en usar bolígrafo. Conocemos infinidad de muestras de que los niños están encantados de inventar (incluso en los exámenes); ni se plantean lo que es el miedo a escribir.
Más adelante, tampoco costaba demasiado entregar cualquier trabajo para clase. Tenías un pocas horas o a lo sumo días para cada tarea. Reunías la información, la explicabas y listo. Presentabas el texto quizá ya mecanografiado y, venga, ¡siguiente! Sin embargo, para algunos llega un punto en que elaborar y exponerse es más complicado.
Miedo a escribir
Eres consciente de las maravillas que hay por ahí y cada idea tuya que germina te parece diminuta e innecesaria. El universo que vislumbras te parece débil y se desmorona. Sabes las críticas que puede haber, porque todo son juicios. Entonces analizas, esperas a tener la certeza. Supones que la construcción surgirá de la nada.
Mientras, el tiempo pasa, el cuaderno de cien hojas con anotaciones inconexas amarillece y todavía no has encontrado en los relatos de otros tus ideas como tú las contarías, tanto las recién llegadas como las que se han negado a marcharse de tu mente.
Miedo a no escribir
Un día asumes que ya está bien. Nadie va a escribir ese libro por ti (bueno, a no ser que contrates a alguien para ello, que se puede:). Qué más da que a unos cuantos no les vaya a gustar, lo que quieres es que tu obra exista y alguien lo aprecie, empezando por ti. Crees intuir un camino complicado pero transitable e inicias la aventura.
Con el fluir irregular de los párrafos, te das cuenta de que algo nace o evoluciona cuando en un rato libre te esfuerzas en discurrir. Quién te lo iba a decir. Semanas, meses de miles de tiradas del hilo y has tejido un primer borrador: insulso o grandilocuente y seguro que descompensado, pero ahí está por fin la materia prima de una creación de tu mundo al que, si quieres, los demás podrán entrar.
