La improbabilidad de escribir un libro perfecto
Artículo publicado en 2015 y revisado en 2023

Existen miles de páginas y libros con consejos sobre escribir y publicar. La mayoría son experiencias particulares y opiniones, pero es común cierta teoría básica más o menos indiscutible y que parece que asimilamos bien. Sin embargo, por mucho que pensemos que hemos aceptado esas reglas mínimas, en el fondo creemos que podríamos ser la excepción, al menos a mí me pasa.
- A un texto preparado suelen precederlo unas cuantas versiones imprecisas. No obstante, cuando en la realidad terminamos el primer borrador de nuestra creación, queremos haber marcado un récord Guinness: componer una obra inmejorable en el primer esbozo. "Está bien como está. Como mucho una revisión para letras saltarinas".
- Cuando se envía el manuscrito para editar o corregir, nos gustaría que por ejemplo el corrector nos contestara: "¡Está impecable! Cobrarte sería absurdo. ¿Se lo habías pasado ya a alguien? ¿Te dedicas a esto?".
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Aun teniendo presente cuántas negativas recibieron en su día superventas o autores consagrados, una parte de nosotros se ilusiona soñando que, en esa primera semana de solicitudes, un agente o representante de editorial nos confesará tras leer la sinopsis: "Sublime. ¡Es lo que estaba buscando! Estaré encantado de que hablemos cuando puedas".
- Si resulta que nos dicen esto, asegurémonos de que sea una editorial tradicional.
- Unas horas después del lanzamiento del libro, imaginaremos que las unidades vendidas serán millares, aunque carezcamos de una audiencia previa, el producto no sea gratis o el género esté entre los menos populares. Si se trata de un libro autopublicado, la esperanza nos llevará a acceder cada poco tiempo a las plataformas digitales para conocer los avances en las cifras. Y cuando se ha publicado por la otra vía habitual, aspiramos a que contacten de la editorial para compartir esos datos que ni en sus mejores estimaciones habían predicho.
- Las críticas malas nos suenan a algo ajeno. Sabemos de las reviews desfavorables a cualquier obra, joyas literarias incluidas, pero... nah, a la gente le va a gustar nuestro contenido y la manera de presentarlo, por qué no.
Poco a poco nos iremos dando cuenta. Probablemente no seremos especiales en ninguno de estos aspectos y casi imposible serlo en todos a la vez.
Así que ser escritor era esto
Con la suficiente distancia, acabaremos entrando también nosotros en la dinámica de los borradores.
Nos replantearemos el nivel que creemos tener de nuestra lengua nativa cuando observemos los cientos de errores que sí cometemos al redactar.
Dudaremos del manuscrito cuando después de bastantes intentos nadie se haya interesado por él de forma definitiva.
Cada nueva venta, cada nueva decena será un logro, premio al esfuerzo.
Dolerán las impresiones que no aprecian el texto o su forma, si bien aprenderemos a entenderlas necesarias en este ecosistema.
De todos modos, comprobar que estas expectativas de escritor son irrealizables no hará que dejemos de aspirar a ellas. Cada borrador será la mejor aproximación que somos capaces de sacar en ese momento, intentaremos cometer cada vez menos fallos al escribir, pretenderemos dar con el camino de publicación más adecuado y querremos encontrar muchos lectores contentos.